Ser o no ser pet friendly, esa es la cuestión

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Por: Tatiana Rojas Ramírez

Bogotá

El otro día fuimos con un amigo a una panadería artesanal, que recientemente había abierto sus puertas en Chapinero Alto, sector que presenta un creciente auge de locales gastronómicos. Del lugar nos llamó la atención que se veía agradable para pasar la tarde y tomar las onces. Efectivamente, el sitio resultó bonito y con buena atención. Sin embargo, mientras conversábamos y saboreábamos las delicias panaderas, la charla fue interrumpida abruptamente por los estrepitosos ladridos entre un samoyedo y un pinscher que se encontraban dentro, al parecer, no se cayeron en gracia y levantaron el lugar a punta de ladridos, mientras sus respectivos dueños trataban de calmar a sus mascotas y evitar una pelea de perros. Tras ese incidente nos apresuramos a salir para nunca más volver.

En mi última visita a Medellín, hace un par de meses ya, salimos una noche con mis papás, mi hermano, su esposa y yo al cine en el Centro Comercial Los Molinos. Tras comprar las boletas, mientras esperábamos la hora para entrar a la sala, veíamos a todo tipo de personas pasar, muchas de ellas con perros. Todo iba bien hasta que al bulldog francés que paseaba una pareja le dio por cagarse ahí. Aunque los dueños le recogieron los desechos inmediatamente, la escena nos resultó bastante desagradable.

A principios de diciembre de 2023, tentada por el boom de la apertura de Ikea, la famosa tienda sueca de muebles y decoración para el hogar, me fui un domingo hasta el Centro Comercial Mall Plaza NQS a conocer el primer local que se ha abierto en Bogotá. Aunque llegué a las 11:00 a.m., aproximadamente, el sitio ya albergaba mucha gente, entonces caminar por los pasillos de la forma y en los sentidos que lo indican las flechas del almacén, resultó bastante engorroso, no solo por la cantidad de gente que iba en modo comprador con carrito, sino por la que iba en plan de familia miranda con perro latoso abordo. Por lo que el deseo de recorrer el almacén desapareció ante los tumultos y los ladridos ensordecedores de los caniches. Así que dije hejdå Ikea.

Situaciones como las anteriores se repiten en el día a día en tiendas, supermercados, almacenes, panaderías, restaurantes, y otro tipo de establecimientos comerciales que dicen ser pet friendly. No tengo nada en contra de los sitios que son amigables con los animales, ni tengo nada en contra de las mascotas, de hecho me gustan, incluso en el pasado he tenido perro y gato, pero, encuentro que estos sitios no están diseñados o adaptados para que animales y personas los compartan masivamente, por lo que me parece molesto las situaciones descritas. Evidentemente, los dueños de negocios encontraron en esta tendencia una oportunidad para potenciar sus marcas, y está bien, lo que no está bien es que no piensen en las personas que no tienen mascotas, que aunque hoy son minoría, también son clientes y no tienen por qué sacrificar su esparcimiento y disfrute por aguantarse los ladridos, las peleas, las orinadas y poposeadas de los nuevos amigos peludos. Considero que hay muchos sitios pet friendly que no cumplen con las características que deben tener este tipo de negocios. Hace falta implementar y hacer cumplir mejor las reglas del juego, y hace falta más cultura por parte de los dueños de mascotas.